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Hermana marcha: cuerpos, consignas, y la promesa del feminismo.

Por Marcela Fuentes @LaGall

Con el recuerdo aun vibrante de la marcha del Encuentro de Mujeres de Octubre del 2016, mi calquito de Ni Una Menos y el pin de Asambleas Feministas del 25N, me subo a la línea marrón del tren de Chicago hacia el lugar de la llamada “marcha hermana”. Así se llamó a las marchas que replicaron la de Washington en Los Angeles, Nueva York, Boston, San Francisco y otras ciudades de Estados Unidos.

Sábado a la mañana, sol y calorcito en el invierno del “mid-West”. “Es un día feminista,” pienso. El tren, una fiesta. Destacan los gorros rosas con orejitas y las rosas bufandas, camperas, y mochilas. Inmediatamente percibo y celebro un cotorreo poco habitual en los medios de transporte urbano, donde son más los ojos fijados en pantallas que los cuerpos que sugieren mini asambleas como hoy.

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La onda es de expectativa. Gente que queda en los andenes porque ya no cabemos, conductores que indican que ya viene otra formación. Esas voces y los pasitos solidarios hacia dentro del coche para dejar entrar lo más que se pueda, reflejan una ética del cuidado, una conciencia de que nos preparamos para hacer algo juntxs. Da la impresión de que por primera vez no nos miramos como parte de un mercado de competencias ni de apocalípticos “sálvese quien pueda”. Es fuerte sentir que no vamos ni al trabajo, ni al cine; que todos, más allá de nuestro estado migratorio o de pertenencia y alianza con la nación, nos encaminamos al ejercicio de la ciudadanía, definida en nuestros términos, aunque sea por unas pocas horas.

yoAl llegar a destino, la estación de la biblioteca Harold Washington, ya están los carteles desplegados y las masas dirigiéndose a la avenida Colón, donde tendrá lugar la concentración para luego marchar a la Plaza Federal. Detengámonos un momento a apreciar el simbolismo de reunirnos, cuerpos de descendencia europea, africana e indígena, en este lugar cuyo nombre evoca un evento histórico: la “invención de América” donde se sentaron las bases de la idea de supremacía blanca y masculina de la que salen personajes como Trump. Cantitos como “Our bodies, our rights” (Nuestros cuerpos, nuestros derechos) y “No Trump, no KKK, no racist USA” que alude al apoyo del Ku Klux Klan a las políticas racistas de Trump, se intercalan con versiones en inglés y español de “El pueblo, unido, jamás será vencido” y con “Black Lives Matter” (las vidas negras importan). En pocas palabras y con melodías simples se traza la línea entre el colonialismo y la violencia policial como expresiones del sistema capitalista heteropatriarcal.

A pesar de la importancia de estos cantitos, sobre todo en entrelazar cuerpos y consignas, los carteles son los grandes protagonistas de la marcha. En su página oficial, la organización pidió que se crearan mensajes constructivos, basados en demandas o preocupaciones concretas. Es una marcha contrapuesta a la retórica de odio que caracterizó las elecciones de 2016 donde muchos votantes entendieron, o les hicieron creer, que sus penurias se deben a la pérdida de derechos a manos de mujeres, personas de color, migrantes y minorías sexuales, y no de un sistema diseñado para excluir a cada vez más personas.

“Love Trumps Hate” (el amor puede más que el odio) o, uno de los más repetidos, “Girls Just Want FUN-damental rights” (las chicas sólo quieren derechos fundamentales, adaptación del tema de Cyndi Lauper) expresan esta orientación a apelar a la empatía más que a una confrontación directa. Hay carteles muy ingeniosos y portadoras que se alinean al costado del camino para facilitar las fotos.

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“La democracia no es un deporte para espectadores! Tocado- eres la democracia!” (“tag” es como el juego de la mancha)

De todos modos no están ausentes aquellas pancartas que no tratan de ganarse a la oposición sino que le hablan directamente al poder. Y aquí es donde la persuasión deja lugar a la enunciación de la resistencia: al pasado no volvemos (aquí el pasado no refiere a los setentas o noventas como se señaló con respecto a Macri, sino a los cincuentas, época previa al movimiento de derechos civiles liderado por la comunidad negra, del que nacen el movimiento de mujeres y de gays y lesbianas). Un participante sostiene un cartel que dice “Never Again” (Nunca más) al lado de una percha, símbolo del activismo “pro-choice” por los derechos reproductivos, que alude a uno de los instrumentos utilizados en la práctica de abortos clandestinos. El “Nunca más” en este contexto planta batalla contra el ataque de grupos “pro-life” o anti-aborto a la decisión de la corte suprema de justicia de 1973 que garantiza el derecho al aborto hasta el tercer mes. Al pasado no volvemos.

i-matterPara alguien acostumbrada a los bombos y a las banderas de organizaciones sociales y políticas detrás de los que se alinean grupos de manifestantes en el Congreso o Plaza de Mayo, la explosión de carteles de la marcha de mujeres me recuerda a Times Square. Es como estar físicamente adentro de Facebook, Twitter e Instagram al mismo tiempo. Una lógica de amplificación de cuerpos, acentuada con cuidada estética donde se entrelazan lo personal y lo politico. Los carteles parecen decir “A mí me pasa lo mismo que a usted”, pero a la vez, como han señalado quienes decidieron no marchar, “A usted no le pasa lo mismo que a mí”. Hay resonancias y diferencias y es necesario reconocer que la raza y la clase juegan un rol también determinante en las condiciones y perspectivas de vida de mujeres de color, migrantes e indígenas.

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Por ejemplo, a pesar de que uno de los ejes de la marcha es la cultura de la violación que Trump minimizó como “cosas de tipos”, el tema de la violencia doméstica no aparece en los carteles. Sin embargo, sí es el tema central de la intervención de una activista de la organización Mujeres Latinas en Acción que desde el escenario destaca que quienes presencian o protagonizan hechos de violencia doméstica también participan de la violencia que afecta a sus comunidades. Así, esta oradora vincula la violencia contra las mujeres con la violencia que sufren las comunidades marginadas de la ciudad debido a su clase, etnicidad o raza. La madre de Hadiya Pendleton, la adolescente que actuó con su escuela en la ceremonia de re-elección de Barack Obama y que fue asesinada en el 2012, también trae a cuenta en su presentación la importancia de reclamar por los derechos de las mujeres de color como madres afectadas por la violencia que azota a la ciudad.

Aunque el tema central de la marcha son los derechos de las mujeres, los derechos civiles, y los derechos de los que no tienen derechos, o cuyos derechos son vulnerados día a día, la definición de la marcha como “marcha de mujeres” cosechó críticas desde el vamos. A pesar de los esfuerzos para diversificar los comités de organización, las mujeres afroamericanas destacaron que las diferencias de raza y clase también son importantes al momento de pensar la opresión de género. En las redes, la imagen de una mujer negra (Angela Peoples) que sostiene un cartel que dice “No se olviden que las mujeres blancas votaron por Trump” con el trasfondo de tres chicas blancas con “pussy hats” que se toman selfies ilustra la crítica a la categoría “mujer” como referente de convergencia para la protesta.

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En su discurso en la marcha de Washington, la activista afroamericana Angela Davis usó el presente simple para definir al feminismo como promesa, un proyecto que va más allá de la categoría esencialista de “mujer” para plantear las relaciones de género como parte de una lógica de explotación vinculada con otras configuraciones sociales. Davis dijo:

Esta es una marcha de mujeres que representa la promesa del feminismo en contra de los poderes perniciosos de la violencia estatal. Un feminismo inclusivo e interseccional que invita a todos a unirnos a la resistencia al racismo, a la islamofobia, al antisemitismo, a la misoginia y a la explotación capitalista.
Sí. saludamos a “Fight for $15” (campaña por un mínimo salarial de $15 la hora).
Nos dedicamos a la resistencia colectiva. Resistencia a los multimillonarios, a los especuladores hipotecarios y gentrificadores. Resistencia a los corsarios de la salud. Resistencia a los ataques contra musulmanes e inmigrantes. Resistencia a los ataques contra las personas con discapacidad. Resistencia a la violencia estatal perpetrada por la policía y por la compleja industria penitenciaria. Resistencia a la violencia institucional e íntima de género, especialmente hacia las mujeres trans de color.

El discurso de Davis me evoca una frase pintada en el cuerpo de una participante de la marcha del Encuentro Nacional de Mujeres del 9 de Octubre del 2016 en Rosario (sí, la marcha de 70.000 mujeres que los medios cubrieron casi exclusivamente para referirse a los graffitis, la que precedió al paro nacional de mujeres en respuesta al femicidio de Lucía Pérez):

Ni la mujer, ni la tierra son territorios de conquista.

La tierra y el cuerpo de las mujeres como paradigma de un sistema que llegó a su punto más alto de crueldad. La semana de “executive orders” del nuevo mandatario que decreta reactivar la construcción del oleoducto en Dakota del Norte, fuertemente rechazado por activistas Sioux, y sus órdenes para prohibir que se usen fondos del estado en proyectos internacionales de salud reproductiva son gestos claros de que el capital está detrás de la tierra y de los cuerpos, y que como dijo Davis también “Este es un país anclado en la esclavitud y el colonialismo” cuyas políticas hace tiempo atraviesan fronteras. Por eso, a pesar de las necesarias críticas a la categoria “mujer”, tiene sentido que seamos las mujeres quienes iniciemos este movimiento de insurrección.

Se ha dicho que Trump puede ser un buen recurso para dar por tierra con un sistema resiliente que se basa en políticas de exterminio. La marcha del sábado y los movimientos de mujeres como Ni Una Menos y el movimiento de mujeres polacas y sur-coreanas que ya se han activado, parecen indicar que el feminismo tiene una vez más la oportunidad de actualizar su promesa, tejiendo redes, enlazando luchas.

Perlita: Cyndi Lauper Girls Just Want Equal Funds
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This entry was posted on January 27, 2017 by in Activism, Chicago, Feminist Movements.
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