Variopintos

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Boundless

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No hace mucho, o tarde en la vida, aprendí que mi padre sufría de depresión. Ahora cuando miro fotos me pregunto si eso es lo que pasaba cuando él parecía un poco ausente en las fotos de familia. En una, aparece de la mano de mi madre, mirando hacia abajo como si estuviera muy lejos casi como sujeto a medias como un globo a punto de soltarse a causa del viento.

Mamá me dijo que él entró en una crisis en la época en que yo nací (él tenía 37, mamá 39).

Mi padre solía llorar en las propagandas, se emocionaba fácil. Cada vez que las manifestaciones me conmueven hasta las lágrimas siento que soy parte de ese legado, me siento conectada a él.

Mi padre tenía un secreto. Acostumbraba poner posters con poemas en el negocio familiar que gerenciaba en Buenos Aires. Poemas escritos en papel blanco brilloso, probablemente el mismo que usaban para envolver el queso. Los poemas estaban escritos en tinta roja, en la letra grande y segura de mi padre. Un gesto orgulloso de dar poemas al mundo poemas, de un hombre a quien le gustaba recitar poesía (mayormente poesía popular, a veces letras de canciones) frente a la familia.

Mi padre también tenía un gran sentido del humor, de modo que a veces su performance tenía ribetes cómicos. Le gustaba entretener a la gente, ser el centro de atención. Pero odiaba acostarse tarde así que concluía las cenas en casa a las 10. Quien quisiera quedarse podía hacerlo pero él se retiraba para volver a su mundo, probablemente un poco del diario del día y luego apagar la luz.

También odiaba ir de vacaciones, decía que no quería estar lejos de su ropa (o a lo mejor ésto lo dijo mi madre, o tal vez es lo que pensé cuando traté de entender por qué alguien podría rechazar la idea de las vacaciones, especialmente cuando amaba los picnics y la vida al aire libre).

Pero, entonces, esos poemas en letra roja se transformaron en su secreto porque nunca supimos de dónde venían. Los había escrito él? Creo que se lo pregunté y me dijo que era un secreto y cuando murió no heredamos ni descubrimos la fuente (me ilusioné cuando mi primo dijo que él le había dado algo para que guarde… pero después dijo que mi papá se lo había pedido devuelta y que nunca llegó a saber de qué se trataba).

Los posters grandes ya no existen quizás precisamente por su tamaño porque, aunque habían sido escritos, mi padre los quiso efímeros, parte de la rutina de la quesería, una especie de selección semanal de Spotify.

Cuando se jubiló, sufrió bastante. Como hombre empresarial la tarea de dedicarse simplemente a ser abuelo no lo convencía. Durante esos días hablé bastante con él. Traté de convencerlo del significado y propósito de ser abuelo, y de hecho él cumplió ese rol a la perfección. Pero no le bastaba, extrañaba lo gerencial, los desafíos grandes de la vida o a lo mejor extrañaba que lo llamaran “el señor Fuentes” en vez de “viejo” o “abuelo”.

Entonces, se ofreció a trabajar gratis con mi hermana y mi cuñado. Más que nada entretenía a los clientes. No sólo consiguió lo que necesitaba, socializar, sino que se lo ofreció a otros, a quienes necesitaban un poco de charla y cuidado.

Y a ellos también les dió poemas. Mi hermana todavía tiene algunos (dónde es el problema…), pequeñas hojas de papel, tal vez impresas, porque en sus últimos años papá adoraba su PC.

A veces mi hermana me cuenta que los clientes lo recuerdan, sobre todo se acuerdan de las conversaciones.

A veces alguien en un negocio puede ser la única persona con la que hables en todo el día (lo sé por experiencia), o sus poemas pueden ser los únicos que leas en semanas, meses o años.

El libro itinerante de mi padre,

su libro ofrecido,

sin índice ni encuadernación,

ilimitado.

**********

No hace mucho,
or only later in life,
I learned that my dad suffered from depression.
Now I see some pictures
and I wonder if that is what was happening
when he appeared a bit absent.
In one picture, he is holding my mom’s hand, looking down as if he was far away
only half drawn into the moment by my mother’s hand grasp,
like a balloon about to be blown away by the wind.

Mom told me that he underwent a crisis around the time when I was born
(he was 37; Mom 39).
He used to cry during commercials
he would get emotional.
Whenever street demonstrations move me to tears
I feel this lineage,
I feel connected to him.

My father had a secret.
He used to display big posters with poems
in the family business he ran in Buenos Aires.
Poems written on white sheet paper,
probably the same paper they used to wrap the cheese
and the other products they sold.
The poems were written in red ink
in my dad’s confident handwriting.
A decisive gesture of offering poems to the world
from a man who used to recite poetry
(mostly popular verses, sometimes from song writers)
in front of the whole family.

My dad had a great sense of humor too,
so sometimes his performance would turn comedic.
He liked to entertain people,
he liked being the center of attention.
He also hated going to bed late,
so he closed dinners at home at 10.
Everyone was welcome to stay
but he just retired back to solitude.

He hated going on vacation,
said he hated being away from his clothes
(or maybe my mom said this,
or maybe this was what I thought
when I tried to understand
why would someone dislike going on vacation,
especially when he loved picnics and being outdoors).

But, so, those written poems in red ink
were a secret
because
we never knew where they came from.

Or was he the author?
I think I asked him this and he said it was a secret
and when he died
we did not officially inherit nor discover the source.
The big posters were gone
perhaps precisely because
they were big
and because, even though they were written,
they were meant to be ephemeral,
part of the cheese store routine,
a sort of Spotify’s “Discover weekly”.

When my dad retired, he suffered greatly.
He was an entrepreneurial man
and that is why
focusing on being a grandfather exclusively
did not fulfill him.

I talked with him a lot during those days.
I tried to convince him
that there was great meaning and purpose in “playing grandfather,”
and he was indeed great in that role.

But it was not enough,
he missed the managerial,
the “bigger than yourself” life missions
(now I think of white masculinity)
or perhaps he missed people calling him “el señor Fuentes”
when he was now usually addressed as
“old man” and “grandpa”.

So, he volunteered to work with my sister and then brother-in-law
at their wood shop.
Mostly, he entertained costumers.
Not only he got what he needed,
being social,
but he gave it to others,
to those who needed a bit of conversation and care.

He also gave them poems.
My sister still has some
(where, is the question…),
small sheets of paper,
perhaps printed from the computer
because in his late years
he LOVED his PC.

Sometimes my sister tells me that
the costumers remember my dad,
especially the conversations.

Sometimes
someone in a store
may be the only person you speak to
in the entire day,
(I know this for a fact)
or his poem may be your only poem in
weeks,
months
or years.

My dad’s flying book,

his giving book,

unbundled,

unbounded,

boundless.

 

One comment on “Boundless

  1. Sofía Lopez
    January 13, 2019

    Gracias por tu libro itinerante Marce, que me cuenta secretos. Lo quiero mucho al tío. Sus manos y su voz ceremoniosa invitaban y acogían.

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This entry was posted on December 19, 2018 by in Uncategorized.

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